lunes, 8 de octubre de 2012

Capítulo 2. Parte 2


 Pude quedarme, pero no lo hice. Preferí sentir la brisa nocturna en mi pelo, andar descalza sobre el asfalto y ver a los gatos callejeros, en vez de hablar de supersticiones. Pero lo que sentí y lo que vi, no fue eso.  ¿Quién imaginaría que el lento movimiento del pomo de la puerta supondría un giro del destino?

Tras salir y cerrar la puerta di media vuelta, pero el mundo pareció girar más rápido que yo. Mientras me sentaba en el suelo con las fuerzas abandonándome, las líneas se difuminaron, los colores se fundieron, las luces se apagaron. Poco a poco pude distinguir lo que veía... y me aterró. No había sido un simple mareo; estaba en una habitación, una gran habitación negra que carecía de puerta. Pensé que tenía que haber una salida, tal vez las paredes estuviesen empapeladas. Cuando mis dedos rozaron la pared, se expandieron ondas similares a las que se provocan en el agua. ¿La pared estaba hecha de agua?,  agua negra...  Empecé a agobiarme y a andar hacia atrás, hasta que de alguna manera caí de espaldas. No había suelo, sino más de esa agua negra. Tuve una sensación extraña; ese líquido me hacía sentir mal.  Pensé que tenía que ser un sueño, debía de serlo, porque si no lo fuese pronto me cansaría de nadar y me ahogaría. ¿Iba a morir allí? ¿Habría algo tras aquellas paredes? No perdía nada por intentarlo. Así que cogí aire y me dispuse a intentar atravesarlas.

Respiré hondo y me sumergí en el agua. Mis ojos no podían ver nada en ese extraño líquido, por lo que no me quedó más remedio que seguir mi instinto. Y nadé hacia delante, siempre en línea recta.  Varios segundos después me di cuenta de que el agua era mucho más densa y me costaba atravesarla. Supuse que estaba en una de las paredes, pero ya había llegado a mi límite, ya no podía más.  No conseguí atravesar la pared completamente, sólo la mitad de mi cuerpo. Me quedé sin aire, pero una mano tiró de mí mientras perdía la esperanza y casi la vida… O eso es lo que creo que pasó. Me vino a la mente Erika, con sus supersticiones y “tonterías”.  Sonreí,  ella no podía estar en este sitio, no era esta su mano. Estoy empezando a pensar como ellas… 

Cuando desperté estaba en una habitación exactamente igual a la anterior, pero dudaba de que fuera la misma porque el suelo era sólido. Aunque pensándolo bien, antes había cambiado de estado por arte de magia y se había vuelto líquido. La impotencia desgarró mi alma materializándose en llanto. Me cubrí el rostro con las manos mientras lloraba. Estaba confundida.  ¿Qué está pasando? No puede ser… tiene que ser un sueño. Tiene que serlo pero… es tan real… No recuerdo haberme dormido, ni siquiera estaba cansada. ¿Qué es lo que pasa?  ¡Sé que no estoy soñando!
Oí pasos y dirigí la mirada hacia donde creí haberlos oído. En la oscuridad de la habitación negra pude distinguir la silueta de un gato negro que caminaba lentamente hacia mí, mirándome a los ojos. No era un gato corriente; me miraba como si tuviese uso de razón, como si tras su mirada estuviese contenida  más sabiduría de la que cualquier humano común pudiese tener jamás. Cada vez que posaba una de sus patas sobre el suelo provocaba ondas a su alrededor. 

  De repente un intenso pitido hizo que me dolieran los oídos. Grité y me los tapé con las manos, mientras cerraba los ojos, perdiendo de vista al felino. El ruido se fue, pero aún quedaba un zumbido sordo en mi cabeza. Busqué al animal con la mirada y  no lo encontré. Debía de haber una salida, tenía que haber salido por alguna parte, debía de haber alguna puerta… pero ¿dónde? Miré a mi alrededor tratando de encontrarla, aún sin levantarme del suelo, y cuando volví a mirar al frente, ahí estaba de nuevo el gato negro. 

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