Día 1
Estoy en un
autobús camino a un pueblo perdido, donde creo que puedo encontrar a Erika. Se
ha convertido en mi obsesión. Creo que
soy culpable de su desaparición y que me estoy volviendo loca. Leo me aconsejó
que escribiera esto, una especie de diario donde contara lo que me ha pasado mis
pensamientos y cómo me siento durante un tiempo, para después leerlo y
autoanalizarme, valorar mi propio estado de locura según la lógica de mis
escritos. Él está sentado más adelante a mi izquierda y ocupa dos asientos para
dormir. No sé si confiar en él, es tan frío, tan interesado… pero se ofreció a
venir conmigo. El bus no va demasiado lleno, somos unas quince personas. No hay
música y nadie habla, todos estamos sentados solos. ¿No es raro que tanta gente
viaje sola?
Debo
centrarme en mi estado de locura, y para
ello tengo que contar esta historia desde el inicio.
Estaba invitada a una fiesta a la que ninguno
de mis amigos asistiría, pero mi hermana me pidió que la acompañara. Acepté.
Para aquella ocasión elegí un vestido negro con escote de corazón; ceñido hasta
la cintura, donde comenzaba su vuelo. Nada más llegar al piso donde se
daba la fiesta, mi hermana encontró a su nueva amiga, Erika, la responsable de
que ambas estuviéramos allí. Me dediqué a picotear y beber. De vez en cuando me
acercaba a mi hermana y su amiga. No pararon de hablar en toda la noche y su
conversación se me hacía insufrible. A veces oía frases sueltas, casi
sin querer. Pero me aburría tanto en aquella fiesta de desconocidos que empecé
a prestar atención.
-
Los gatos tienen mucha energía, son los
protectores y consejeros, pero también traen los peores augurios… - comentó
Erika, dándole énfasis a las últimas palabras. Era una chica rara, vestida
siempre con ropas oscuras y varios “talismanes”
colgados al cuello. Al menos así los llamaba ella. Hizo una pequeña
pausa y continuó hablando. - Cuando se cruza un gato negro, no significa mala
suerte como la gente cree, sino que debes volver atrás para evitar una
desgracia, pero nadie lo hace… también hay otro tipo de augurios cuando aparecen
en sueños, como cuando arañan el suelo, o arañan la puerta
- - ¿No significa lo mismo? Preguntó mi hermana.
- -No,- contestó la extraña adolescente- cuando un
gato araña el suelo en un sueño significa que tus enemigos están al acecho; en
cambio, si araña la puerta, significa que en pocas horas morirás sin remedio,
sin escapatoria. Aunque a veces yo puedo echar una mano, si me avisan a tiempo.
Entonces no pude más y rompí a
reír, no quería escuchar más tonterías. Me burlé de ellas diciéndoles que cuando
fueran adultas dejarían esas conversaciones absurdas y hablarían de cosas
interesantes, y me fui de aquella fiesta en la que tanto me aburría, o al menos lo intenté.
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