Aquello fue el principio, fue la primera vez de muchas que pensé que estaba loco, que me sorprendió, y sobre todo, fue la primera vez que me quedé a solas con Mister Outside.
- Bonito día ¿eh?- había dicho en mitad de una tormenta, empapado bajo un portal.
- Lo era - respondí. Me miró con sus grandes ojos verdes mientras desaparecía su sonrisa y fruncía el ceño.
- Olvida el pasado, ya no va a volver. Éste es tu presente - dijo abriendo los brazos- ¡Vívelo! Me cogió de la mano y echó a correr calle abajo, arrastrándome bajo la lluvia.
- ¿Pero qué haces? - le grité cuando al fin conseguí liberarme la mano. Estaba empapada de la cabeza a los pies. -¿Estás loco o qué?
La respuesta que conseguí fue una carcajada estridente. Indignada, le di la espalda y empecé a caminar.
- ¡Espera! - Aún no sé la razón por la que me detuve; pero lo hice. - Déjame resarcirte. Ven conmigo.
-¿Contigo?
- Esa no es la pregunta adecuada. No me des la espalda por favor. - Me di la vuelta.
- ¿Ah, no? ¿Y cuál es?
No tenía ni idea de adónde íbamos, sólo sabía que él no quería ir solo.
sábado, 31 de agosto de 2013
miércoles, 19 de junio de 2013
A solas con Mister Outside
Lluvia. Le ENCANTA la lluvia.
Nunca conseguí entenderlo pero tampoco me esforcé. A veces es mejor así ¿verdad? Comprender a alguien de verdad, es muy difícil, sobre todo si es una persona tan... ¿peculiar? Él no es peculiar, es más, es bastante común, la mayor parte del tiempo... o al menos eso les parecía a los demás. Para mí era el hombre más interesante de todo el planeta tierra.
Lluvia. ODIO la lluvia.
Iba hacia alguna parte, creo recordar que regresaba a casa. ¿Quién lleva un paraguas cuando hace sol? Yo, en la mochila. ¿Quién lleva una mochila a cualquier parte que no sea un colegio/escuela/instituto etcétera? Nadie.
Está claro que no llevaba un paraguas, y por consiguiente no llevaba una mochila. Si hubiera llevado la mochila tendría paraguas. No hay que ser muy inteligente para adivinar que esta historia comenzó con un diluvio universal.
La chica sin mochila y sin paraguas volvía a casa un día soleado cuando de repente empezó a llover intensamente. Tuve la suerte de encontrar rápido dónde resguardarme; en un portal. Allí me quedé viendo como el resto de la gente corría por la calle. Pasaron cinco minutos y seguía lloviendo.Y otros cinco.
Y diez. O tal vez sólo tres que se me hicieron eternos.
Y de repente, sin más, apareció él. Llevaba un polo rosa y unos pantalones negros. Se metió en el portal, aunque ya estaba empapado, se arremangó los pantalones hasta las rodillas y poniendo los brazos en jarra dijo mirando hacia el cielo:
- Bonito día ¿eh?
Lo miré extrañada, y al ver que no había nadie más en toda la calle comprendí que me hablaba a mí.
Aquello fue el principio, fue la primera vez de muchas que pensé que estaba loco, que me sorprendió, y sobre todo, fue la primera vez que me quedé a solas con Mister Outside.
Nunca conseguí entenderlo pero tampoco me esforcé. A veces es mejor así ¿verdad? Comprender a alguien de verdad, es muy difícil, sobre todo si es una persona tan... ¿peculiar? Él no es peculiar, es más, es bastante común, la mayor parte del tiempo... o al menos eso les parecía a los demás. Para mí era el hombre más interesante de todo el planeta tierra.
Lluvia. ODIO la lluvia.
Iba hacia alguna parte, creo recordar que regresaba a casa. ¿Quién lleva un paraguas cuando hace sol? Yo, en la mochila. ¿Quién lleva una mochila a cualquier parte que no sea un colegio/escuela/instituto etcétera? Nadie.
Está claro que no llevaba un paraguas, y por consiguiente no llevaba una mochila. Si hubiera llevado la mochila tendría paraguas. No hay que ser muy inteligente para adivinar que esta historia comenzó con un diluvio universal.
La chica sin mochila y sin paraguas volvía a casa un día soleado cuando de repente empezó a llover intensamente. Tuve la suerte de encontrar rápido dónde resguardarme; en un portal. Allí me quedé viendo como el resto de la gente corría por la calle. Pasaron cinco minutos y seguía lloviendo.Y otros cinco.
Y diez. O tal vez sólo tres que se me hicieron eternos.
Y de repente, sin más, apareció él. Llevaba un polo rosa y unos pantalones negros. Se metió en el portal, aunque ya estaba empapado, se arremangó los pantalones hasta las rodillas y poniendo los brazos en jarra dijo mirando hacia el cielo:
- Bonito día ¿eh?
Lo miré extrañada, y al ver que no había nadie más en toda la calle comprendí que me hablaba a mí.
Aquello fue el principio, fue la primera vez de muchas que pensé que estaba loco, que me sorprendió, y sobre todo, fue la primera vez que me quedé a solas con Mister Outside.
viernes, 26 de abril de 2013
jueves, 28 de marzo de 2013
Estar vivo
Cada decisión es primordial. Sus consecuencias y la de las siguientes que tomes marcarán el ritmo de tu vida. Te arrepentirás de no haber elegido el camino que rechazaste... ¿o tal vez no? Las opciones no escogidas se nos antojan las mejores cuando el tiempo pasa, pero no es más que una mentira. Quieres estar seguro, ¿verdad? Quieres elegir lo mejor, como en ese tipo de libros, en los que vuelves hacia atrás cuando decides que lo que está pasando no te gusta. Quieres vivir un sueño, ser un héroe, un ídolo; o simplemente ser alguien... Pero tienes miedo e inseguridades. Perdido entre tantas dudas, respiras hondo. La mente en blanco. Nada tiene tanta importancia; tomas cualquier decisión, a suertes. Qué mas da, habrá muchos más cruces en tu camino. Rara vez podrás volver atrás pero cuanto más cueste ascender, más saborearás el momento de llegar a la cima. Y entonces, tal vez comprendas que...
miércoles, 2 de enero de 2013
Eclipse
Él era un muchacho simpático, dicharachero y risueño. Tenía la facultad de hacer que la gente riera y lo pasara bien, era el alma de la fiesta. Muchos no entendían como podía ser amigo de ella. A algunos les daba miedo, tan seria y enigmática. A menudo ocultaba parte de su pálida cara tras su oscuro cabello.
Ellos se respetaban y comprendían, sin exigencias.
Ella le envidiaba, quería ser como él; querido y admirado por todos, quería tener una sonrisa tan brillante como la suya. Y llegó el día en que entendió que para ser feliz tenía que alejarse de él. No porque ella tuviera menos valor, sino porque no era valorada, estaba eclipsada. Buscó un entorno favorable. Luna y Sol se despidieron, comprendiendo que era necesario aquel sacrificio. Luna se alejó tanto de Sol, que se encontró en un cielo oscuro. Nunca pensó que pudiera llegar a brillar tanto. Un amigo de Sol decidió ir a ver a Luna, y al encontrarla se quedó anonadado. Se dio cuenta de que también quería ser especial y se quedó cerca de ella, pero lo suficientemente lejos para que se apreciara su brillo. Así pasó una y otra vez, con todas las estrellas. Se hicieron amigas de Luna, que se sintió muy feliz por brillar tanto y tener tantas amigas. Sol se alegró de que Luna fuese aceptada por fin, y como era tan sociable, hizo nuevos amigos; las nubes.
A veces Luna y Sol deciden encontrarse, pues no olvidan su amistad y se añoran. Lo denominamos eclipse.
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