Aquello fue el principio, fue la primera vez de muchas que pensé que estaba loco, que me sorprendió, y sobre todo, fue la primera vez que me quedé a solas con Mister Outside.
- Bonito día ¿eh?- había dicho en mitad de una tormenta, empapado bajo un portal.
- Lo era - respondí. Me miró con sus grandes ojos verdes mientras desaparecía su sonrisa y fruncía el ceño.
- Olvida el pasado, ya no va a volver. Éste es tu presente - dijo abriendo los brazos- ¡Vívelo! Me cogió de la mano y echó a correr calle abajo, arrastrándome bajo la lluvia.
- ¿Pero qué haces? - le grité cuando al fin conseguí liberarme la mano. Estaba empapada de la cabeza a los pies. -¿Estás loco o qué?
La respuesta que conseguí fue una carcajada estridente. Indignada, le di la espalda y empecé a caminar.
- ¡Espera! - Aún no sé la razón por la que me detuve; pero lo hice. - Déjame resarcirte. Ven conmigo.
-¿Contigo?
- Esa no es la pregunta adecuada. No me des la espalda por favor. - Me di la vuelta.
- ¿Ah, no? ¿Y cuál es?
No tenía ni idea de adónde íbamos, sólo sabía que él no quería ir solo.
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