miércoles, 19 de junio de 2013

A solas con Mister Outside

Lluvia. Le ENCANTA la lluvia.
Nunca conseguí entenderlo pero tampoco me esforcé. A veces es mejor así ¿verdad? Comprender  a alguien de verdad, es muy difícil, sobre todo si es una persona tan... ¿peculiar? Él no es peculiar, es más, es bastante común, la mayor parte del tiempo... o al menos eso les parecía a los demás. Para mí era el hombre más interesante de todo el planeta tierra.

Lluvia. ODIO la lluvia.
Iba hacia alguna parte, creo recordar que regresaba a casa. ¿Quién lleva un paraguas cuando hace sol? Yo, en la mochila. ¿Quién lleva una mochila a cualquier parte que no sea un colegio/escuela/instituto etcétera? Nadie.
Está claro que no llevaba un paraguas, y por consiguiente no llevaba una mochila. Si hubiera llevado la mochila tendría paraguas. No hay que ser muy inteligente para adivinar que esta historia comenzó con un diluvio universal.

La chica sin mochila y sin paraguas volvía a casa un día soleado cuando de repente empezó a llover intensamente. Tuve la suerte de encontrar rápido dónde resguardarme; en un portal. Allí me quedé viendo como el resto de la gente corría por la calle. Pasaron cinco minutos y seguía lloviendo.Y otros cinco.
Y diez. O tal vez sólo tres que se me hicieron eternos.

Y de repente, sin más, apareció él. Llevaba un polo rosa y unos pantalones negros.  Se metió en el portal, aunque ya estaba empapado, se arremangó los pantalones hasta las rodillas y poniendo los brazos en jarra dijo mirando hacia el cielo:
- Bonito día ¿eh?

Lo miré extrañada, y al ver que no había nadie más en toda la calle comprendí que me hablaba a mí.
Aquello fue el principio, fue la primera vez de muchas que pensé que estaba loco, que me sorprendió, y sobre todo, fue  la primera vez que me quedé a solas con Mister Outside.

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