Lo primero que sintió al recuperar la consciencia fue el
sabor a sangre y tierra. Estaba tumbado boca abajo. Levantó la cabeza con
esfuerzo, escupió y rodó sobre sí mismo como pudo para colocarse boca arriba.
Sabía que no era capaz de levantarse; aún estaba mareado a causa del dolor.
Poco a poco, empezó a ver con nitidez. Vio las estrellas. Había tantas, tan
brillantes... alzó una mano al cielo, simulando tocarlas. Un acceso de tos lo
hizo salir de su ensoñamiento. Fue tan fuerte que tuvo que colocarse de costado
para no ahogarse con su propia sangre. Mientras tosía empezó a recordar. Le
habían acuchillado y golpeado hasta el aburrimiento.
"Me han dado por muerto. Sigo vivo porque me han dado
por muerto. Maldita sea, no puedo moverme joder."
Tenía miedo de que
allí no hubiera nada más que tierra árida, pero no demasiado lejos, se
veía mansión que tanto había
visitado en los últimos meses. No estaba
en medio de ninguna parte y aunque no tenía árboles ni matorrales entre los que
ocultarse, se encontraba al amparo de la oscuridad.
Todo había sido culpa suya. Si no hubiera metido las narices
donde no le llamaban, ahora no estaría moribundo. Pero estaba vivo, todavía
estaba vivo. Se preguntó si los demás habrían tenido suerte o estarían muertos.
Se preguntó si sólo habrían perseguido a los que como él se habían rebelado, o
habrían matado a todos sin distinción. No tenía manera de saberlo pero en el
mejor de los casos, aquellos al margen de todo aquel lío seguirían sus vidas
tranquilamente, sin saber nada. .. En el mejor de los casos.
El sudor frío causado por el dolor le recorría todo el
cuerpo. Necesitaba un médico, notaba como se le escapaba la vida a través de la
sangre poco a poco. Empezó a arrastrarse por el suelo en dirección a la mansión.
Pensó que se le infectarían las heridas, pero no estaba seguro de poder
aguantar vivo lo suficiente como para que eso ocurriera. No le respondían las
piernas, no eran más que peso muerto. Tenía que llegar a la casa y llamar a una
ambulancia. Tenía que dejar de pensar en el dolor. Se arrastró como un gusano
hacia el edificio. Así era como se sentía, como un maldito gusano . No. Un
gusano valía más que él en ese momento, un gusano no regresaba al hogar de su
depredador para que éste le hincara el diente.
Después de una eternidad de dolor y desesperación, llegó
hasta la puerta. Estaba abierta. Recordó el momento en el que la había cruzado
corriendo intentando huir, no había llegado muy lejos, o eso pensaba antes de
intentar volver en su estado. Eso ahora no importaba, ya estaba allí… en la
maldita mansión redonda. Se dejó caer en la pared junto a la puerta cuando recordó
que para poder llamar por teléfono,
tendría que subir las escaleras, y no podía, sabía que no podía. Se maldijo a sí mismo, a aquel lugar, a todo
lo que había vivido. Maldijo el instante en el que vio lo que debió ver, el
momento en el que todo comenzó. Quiso maldecirlos a todos por su ignorancia… y
entonces lo recordó a él; el chico de la 3,14. Nadie sabía que compartía el secreto. Tenía que avisarlo, no sabía ni su nombre
pero tenía que avisarlo porque aunque ahora estuviera al margen, terminarían
por darse cuenta. Siempre lo hacían. Aunque si no era capaz de subir a la
primera planta para intentar sobrevivir, mucho menos lograría llegar a la
tercera. Escuchó ruido de pasos en las salas contiguas. Sabía que no debía
haber nadie allí aquella noche. No se puso nervioso, sabía que iba a morir, acabaría
su sufrimiento. Los pasos se acercaron.
Era un muchacho de unos dieciséis años al que ni siquiera recordaba haber visto
nunca, y por la cara de espanto que puso
al verle, supo que no estaba en el ajo.
-
- Ambulancia – le dijo entre toses.
El chiquillo asintió con la cabeza y corrió escaleras arriba
buscando un teléfono. Todavía podía
salvarse, aún había esperanza. Demasiado pronto, el adolescente bajó la
escalera.
- - Lo siento. El teléfono no funciona. – le dijo apesadumbrado.
- - ¿Cómo te llamas?
- -Diego.
- -Diego, necesito que me traigas papel y algo para
escribir, y que esperes.
Diego hizo lo que le pidió, aún impresionado por el estado
en el que se encontraba el herido. Éste empezó a escribir, sin ver, por las
lágrimas contenidas. El destino había jugado con él haciéndole creer que tenía
una última esperanza, pero ya no había escapatoria. Ahora sí que iba a morir,
ahora sí que todo se acababa. Terminó rápidamente de escribir y pidió a Diego
que escondiera bien aquel papel sin leerlo en la habitación 14, en la tercera
planta.
-
- Y cuando lo hagas vete, vete de aquí y no
vuelvas nunca… o acabarás como yo.
Se arrastró fuera de la mansión y se tumbó boca arriba.
Estaba cubierto de sangre y tierra, la mitad de su cuerpo no le respondía y la
otra mitad hubiera preferído no poder sentirla.
Al poco escuchó a Diego alejarse corriendo tras hacer lo que le había pedido.
Debía haber sido duro verlo en ese estado, sobre
todo siendo tan joven. Pero Diego no sabía que acababa de salvar su propio
cuello, y lo mucho que le había servido de ayuda al encontrarse allí. El chico de la 3,14 recibiría su mensaje,
tarde o temprano. Cada vez sentía menos dolor, cada vez sentía menos su cuerpo.
Ahora sí que acababa todo. Decidió
abandonar todos esos pensamientos y concentrarse en las estrellas. Había
tantas, tan brillantes…
Interesante... Yo a ver si subo un cacho de lo mio...XD
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