Lo llaman destino; lo definen como una fuerza inevitable y desconocida que actúa sobre nosotros.
Algunos lo llaman Dios.
Qué irresponsables, qué cobardes. Tienen tanto miedo a la culpa que no son capaces de aceptar las consecuencias de sus hechos y los achacan a un ser superior, a una fuerza. ¡Ha sido el destino, era inevitable!
No creo en el destino.
Creo en el azar.
Lo llaman destino; para mí es sólo el único juego en el que se divierten las piezas.
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