domingo, 29 de julio de 2012

Capítulo 1. Parte 3.


Permanecieron unos instantes observándose, desafiante el recién llegado, perplejo Diego. El camarero se acercó y el extraño pidió copas para los dos, mientras dirigía la mirada nuevamente a Diego y  sonreía. Había algo tenebroso en aquella sonrisa. De golpe, el efecto del alcohol desapareció en Diego, y volvió a recordar el pánico que lo perseguía desde aquella fatídica noche años atrás, el miedo a ser capturado y asesinado. El camarero sirvió las copas y Diego cogió una, aunque no bebió. Necesitaba tener algo en la mano, algo que pusiera usar como arma o distracción si había que huir.

-          -Rata – dijo de repente el hombre - ¿te llaman Rata, no es así?
-          - Así es -contestó el muchacho, aliviado. Sólo era un cliente más. Por alguna razón, justo en ese momento se dio cuenta de que a pesar del miedo a que lo persiguieran, sus largas rastas y su ropa de militar no lo ayudaban a pasar desapercibido. Aún sin probar la copa, la posó sobre la mesa– ¿En qué puedo ayudarle amigo? ¿Cuál es su nombre?
-          - Tengo un trabajo para ti, pero también algunas preguntas. No puedo darte mi nombre. ¿Matas?
-         -  No mato. Matar provoca mucho revuelo y es demasiado arriesgado. – Dijo mientras en su mente un flash le hacía ver la cara ensangrentada de aquel hombre años atrás.
-          - Pero robar, espiar, conseguir artículos ilegales o de forma ilícita si está entre tus servicios ¿no es así?
-          - ¿Es usted policía? – preguntó Diego tras dar un trago.
-          - No.
-          - Entonces sí – respondió con una amplia sonrisa
-          - Es verdad que no eres más que una simple rata callejera, Diego. - A pesar de su borrachera, Diego se estremeció al escuchar su nombre. ¿Cómo podía saberlo esa persona?  Su semblante cambió drásticamente  tornándose serio. Cogió el vaso y estrellándolo contra la mesa gritó:
-          - ¿Quién coño eres? ¿Qué quieres de mí?

El extraño individuo lo miraba a los ojos con una sonrisa desafiante, sin decir palabra.

-          - ¿Quién te envía hijo de puta? Son ellos ¿verdad?
-          - ¿Te pones nervioso sólo porque sé tu nombre, Diego?
-          - ¡Habla de una vez cabronazo! – gritó el hombre de las rastas mientras golpeaba los puños contra la mesa, dirigiendo todas las miradas del bar hacia él.
-          - Que vuelvas. Sabes bien adonde. Tenemos trabajo para ti.

Ya no existía duda, lo habían encontrado. No había otra escapatoria que no fuera la muerte. ¿Un trabajo para él? Ser uno de ellos, hacer que otra gente tuvieran una vida tan o más miserable que la suya. Por primera vez en muchos años fue un valiente, y prefirió morir antes que volver y hacer pasar a otros por lo que ellos habían pasado.

-          - Antes muerto. Matadme. Vamos. Lo estoy esperando.
-          - Deja de ponerte gallito o voy a tener que matarte de verdad. Esto no es un juego y menos para ti. ¿Quieres morir? ¿Por eso llevas años con esta vida miserable, huyendo como una rata? Eres patético. No puedes negarte. No tienes opción. –Soltó una carcajada de repente. - Una rata que quiere morir. Bien, pero no serás el único. Nos veremos dentro de unos días, y espero tener una respuesta distinta. Te lo puedes pensar hasta entonces.  - Sacó de la chaqueta una fotografía que puso boca abajo sobre la mesa  junto con un billete y se fue.

Diego volvió a mirar el reloj, y descubrió que aquellos cinco minutos fueron los más largos que había vivido en su vida. Se dio por muerto, pero estaba en paz. Ya no tenía que huir. De ninguna manera sería uno de ellos. No volvería, jamás.  Arrastró la fotografía por la mesa y la levantó. Al mirarla sintió una punzada en el pecho y con toda la rabia acumulada y los ojos acuosos dijo:
-          
            - Hijo de puta

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